De autor · 3 horas 30 minutos, más 4 días de curado y 2 horas de escurrido · 4 porciones
Ravioles de espárrago asado, manteca de sus tallos y yema curada
La raíz son los asparagi alla milanese: espárragos, manteca, huevo y Parmigiano, una combinación lombarda clásica. Esa combinación se lleva a una pasta rellena con masa de yemas. El plato busca un bocado en el que el espárrago aparezca de tres maneras distintas y el huevo y el queso queden como fondo, sin crema ni una segunda salsa.
El giro es usar el espárrago entero. Los tallos se asan a fuego vivo hasta ampollarse y van al relleno: aportan humo y dulzor tostado que la ricota sola no tiene. Las pieles y las bases leñosas, que normalmente se tiran, se hacen caldo, se reducen y se montan con manteca, así la salsa tiene el sabor del mismo espárrago y no sólo de la grasa. Las puntas se dividen: unas se doran y otras se laminan crudas con limón, para sumar frescura y crocante. La yema curada, rallada en el momento, reemplaza al huevo frito milanés con sabor salino y umami, en polvo.
Equipamiento especial: máquina para pasta; plancha o sartén de hierro; mandolina o pelapapas filoso; microplane
Ingredientes
Yemas curadas (empezar 4 días antes)
- 4 yemas de huevos muy frescos, de cáscara limpia y sana (se usan 2; las otras son repuesto)
- 150 g de sal fina
- 150 g de azúcar
Espárragos (se despiezan para los tres usos)
- 800 g de espárragos verdes medianos a gruesos, unos 2 atados de 24–28 unidades
Manteca de espárrago
- Las bases leñosas y las pieles de los espárragos, unos 250 g
- 5 ml de aceite de oliva
- 1 echalote mediano, unos 40 g, en láminas finas
- 50 ml de vino blanco seco
- 600 ml de agua fría
- 90 g de manteca sin sal muy fría, en cubos de 1 cm
- 3–5 ml de jugo de limón
- Sal fina
Relleno
- Los tallos medios de los espárragos, unos 350 g crudos
- 10 ml de aceite de oliva
- 180 g de ricota fresca, que debe rendir 120 g una vez escurrida
- 30 g de Parmigiano Reggiano rallado fino
- 1 yema, aproximadamente 18 g
- Ralladura fina de ½ limón
- 3 g de sal fina, más la necesaria para ajustar
- Pimienta blanca recién molida
Masa de yemas
- 220 g de harina 00 o 0000, más la necesaria para estirar
- 30 g de sémola fina de trigo duro
- 50 g de huevo sin cáscara, 1 unidad
- 90 g de yemas, aproximadamente 5 unidades
- 5 ml de aceite de oliva
- 2 g de sal fina
- 5–10 ml de agua, sólo si la masa no se une
- 30 g de sémola fina, para las bandejas
Puntas y terminación
- 8 puntas de espárrago de 5 cm, para laminar crudas
- El resto de las puntas, unas 18, cortadas por la mitad a lo largo
- 10 g de manteca y 5 ml de aceite de oliva, para dorar las puntas
- 5 ml de jugo de limón y 5 ml de aceite de oliva extra virgen, para las láminas
- 20 g de Parmigiano Reggiano, en trozo, para rallar al servir
- Sal en escamas
- 5 l de agua y 50 g de sal gruesa, para cocinar la pasta
- 60–80 ml de agua de cocción de la pasta
Preparación
Yemas curadas
- Yemas curadas. Mezclar la sal con el azúcar y extender la mitad en un recipiente chico con tapa, en una capa de 1,5 cm. Hacer 4 huecos con el dorso de una cuchara y acomodar las yemas enteras, separadas de la clara con cuidado para no romper la membrana. Cubrirlas con el resto de la mezcla sin apretar. Tapar y refrigerar a 5 °C o menos durante 4 días. Están listas cuando quedan firmes y elásticas en todo su volumen, de color ámbar intenso, sin centro líquido al apretarlas suavemente. Enjuagarlas bajo agua fría, secarlas con papel y terminar de secarlas en el horno a la temperatura más baja (60–70 °C), sobre rejilla, durante 1½–2 horas. Tienen que quedar secas por fuera y apenas flexibles, para poder rallarlas con microplane sin que se peguen. Si se secan de más se quiebran, pero se pueden usar igual.
Espárragos
- Despiece de los espárragos. Doblar cada espárrago cerca de la base hasta que se quiebre solo: lo que queda abajo es la base leñosa y va al caldo. Cortar puntas de 5 cm. Pelar el tercio inferior de los tallos medios con pelapapas y sumar las pieles a las bases. Separar 8 puntas, las más rectas, para laminar, y cortar el resto por la mitad a lo largo. Deberían quedar unos 250 g para el caldo, unos 350 g de tallos y unos 200 g de puntas. Guardar las puntas en la heladera envueltas en papel húmedo.
Manteca de espárrago
- Caldo y reducción. Cortar las bases en trozos de 2 cm. Calentar el aceite en una cacerola a fuego medio y rehogar el echalote 2 minutos, hasta que esté transparente pero sin color. Agregar las bases y las pieles, mover 1 minuto y desglasar con el vino hasta que casi se evapore. Cubrir con el agua fría, llevar a hervor suave y cocinar 20 minutos destapado. Con más tiempo, el espárrago da notas sulfurosas, de repollo, y el caldo se pone opaco. Colar apretando bien los sólidos y reducir a fuego medio hasta 100 ml, unos 15–20 minutos: debe quedar dorado verdoso, intenso, apenas almibarado y un poco amargo, porque la manteca y el limón lo van a equilibrar. Si no se usa enseguida, enfriarlo en un recipiente chico sobre agua con hielo y guardarlo tapado en la heladera.
Relleno
- Ricota. Poner la ricota en un colador fino forrado con lienzo sobre un bol y escurrirla en la heladera por lo menos 2 horas, hasta que mantenga la forma y deje de soltar suero. Pesar 120 g.
- Tallos asados. Calentar una plancha o sartén de hierro a fuego máximo durante 4–5 minutos. Pincelar los tallos con el aceite apenas, sin que goteen. Asarlos en una sola capa 6–8 minutos, girándolos cada 2 minutos, hasta tener ampollas negras en un 20–30 % de la superficie y un interior que se deje atravesar con un cuchillo sin resistencia. Pasarlos a un bol, taparlos 5 minutos para que terminen al vapor y enfriarlos destapados. Cortar la mitad en cubos de 3–4 mm y procesar la otra mitad hasta tener una pasta gruesa. Llevar la pasta a una sartén antiadherente a fuego medio y secarla 2–3 minutos, revolviendo, hasta que al pasar la cuchara deje un surco limpio. Este paso define la estabilidad del relleno. Mezclar con los cubos, enfriar y pesar: se necesitan 200 g. Si el asado rindió menos, ajustar la ricota a 0,6 veces el peso de espárrago obtenido.
- Relleno. Pasar la ricota escurrida por un tamiz o pisarla con tenedor hasta que esté lisa. Mezclar con los 200 g de espárrago frío, el Parmigiano, la yema, la ralladura de limón, la sal y la pimienta blanca. Debe quedar una pasta que se sostenga en la cuchara sin soltar líquido, con trozos verdes visibles. Probar y dejarla apenas por debajo del punto de sal, porque al final se suman la yema curada y el queso. Pasar a una manga con boquilla lisa de 1 cm y enfriar al menos 30 minutos. Rinden unos 370 g.
Masa de yemas
- Masa. Hacer una corona con la harina, la sémola y la sal. Batir el huevo, las yemas y el aceite, volcarlos en el centro e incorporar la harina de a poco con un tenedor. Juntar con la mano y amasar 8–10 minutos hasta que la masa esté lisa, firme y elástica, y vuelva lentamente al apretarla. Con tantas yemas, al principio es más dura y quebradiza que una masa común. Agregar agua de a 5 ml sólo si después de 3 minutos de amasado siguen quedando migas sueltas. Envolver en film y dejar reposar al menos 30 minutos a temperatura ambiente; si se va a esperar más de 1 hora, guardarla en la heladera, hasta 12 horas.
- Laminado y formado. Dividir la masa en 4 partes y trabajar de a una, tapando el resto. Laminarla bajando de a un punto hasta 1 mm: la lámina tiene que dejar ver la sombra de la mano y no romperse al levantarla. Sobre la mitad longitudinal de cada tira, poner porciones de 11 g de relleno cada 5 cm, a 1,5 cm del borde. Pincelar alrededor de cada porción con agua, apenas. Cubrir con la otra mitad y presionar desde el relleno hacia afuera, rodeando cada porción con los dedos, hasta sacar todo el aire: las burbujas son lo que rompe los ravioles en el hervor. Cortar cuadrados de 5 cm con la rueda y apretar los bordes una vez más. Acomodarlos sobre bandejas con sémola, sin que se toquen. Se forman 32 ravioles, 8 por plato. Refrigerarlos sin tapar los primeros 20 minutos, para que se oreen, y después cubiertos.
Puntas y terminación
- Puntas. Un rato antes de cocinar la pasta, laminar las 8 puntas reservadas a lo largo con mandolina o pelapapas, en cintas de 1 mm, y dejarlas en agua con hielo para que se encrespen. Escurrirlas y secarlas bien. Aliñarlas con el jugo de limón, el aceite de oliva extra virgen y una pizca de sal 5 minutos antes de servir; más tiempo las ablanda. Calentar una sartén a fuego fuerte con la manteca y el aceite, y dorar las medias puntas con el corte hacia abajo durante 1½–2 minutos, hasta que estén doradas de ese lado y crocantes por dentro. Salarlas y reservarlas al calor de la hornalla.
- Manteca de espárrago. En una sartén ancha de 28 cm, calentar los 100 ml de reducción hasta que apenas humee. Bajar al mínimo e incorporar la manteca de a dos cubos, moviendo la sartén en círculos y agregando los siguientes cuando los anteriores casi desaparecen, hasta tener una salsa opaca, brillante y que cubra el dorso de una cuchara. No debe hervir ni pasar de 85 °C: por encima se separa. Ajustar con el jugo de limón y sal. Dejarla al mínimo o fuera del fuego, tibia.
- Cocción y glaseado. Llevar el agua con la sal a hervor y bajarla a hervor suave. Cocinar los ravioles en 2 tandas de 16, entre 2½ y 3 minutos desde que el agua vuelve a hervir, hasta que el borde doble esté tierno al morderlo y la masa se vea traslúcida y ondulada. Pasar cada tanda con espumadera a la sartén con la manteca y agregar 30–40 ml de agua de cocción por tanda. Mover la sartén 30 segundos a fuego mínimo, hasta que la salsa se pegue a la pasta y la deje lustrosa. Si se espesa demasiado, aflojarla con unas cucharadas más de agua de cocción.
El plato
Usar platos hondos de ala ancha, templados en el horno apagado a unos 50 °C. Acomodar 8 ravioles por plato, solapados de a medio, en una media luna que deje libre el tercio superior del plato. Napar con la manteca de espárrago que queda en la sartén, unas 2 cucharadas por plato, para que se junte un poco en el fondo y cada raviol quede brillante sin quedar tapado. Distribuir 4–5 medias puntas doradas sobre los ravioles, con el corte tostado hacia arriba y en direcciones distintas, de modo que cada bocado pueda llevar una. Llevar las cintas crudas aliñadas a la zona libre del plato y armar con los dedos un nido flojo y alto, apoyado contra la media luna pero fuera de la salsa, para que conserve su crocante. Rallar con microplane, sobre los ravioles y el borde de la salsa, primero una lluvia fina de Parmigiano y después la yema curada, aproximadamente ½ yema por plato, para que caiga como un polvo naranja. Terminar con unas escamas de sal sólo sobre las puntas doradas y servir enseguida. Lectura final: ravioles amarillo pálido, finos, con el verde oscuro y ahumado del relleno visible a través de la masa, salsa dorada y lustrosa, contraste entre las puntas tostadas y el verde vivo de las cintas crudas, y el naranja de la yema como única nota cálida.
Claves
- Secar la pasta de espárrago asado hasta que deje un surco limpio y escurrir bien la ricota: un relleno húmedo moja la masa y los ravioles se abren o se pegan a la bandeja.
- Asar en serio: el tallo apenas grillado no aporta humo. Se buscan ampollas negras en partes, no un tallo carbonizado, que da amargor.
- Cocinar el caldo sólo 20 minutos: un hervor más largo saca sabor a azufre y deja la reducción opaca.
- Montar la manteca sin superar unos 85 °C. Si se separa, agregar fuera del fuego una cucharada de agua de cocción fría y batir hasta que vuelva a ligar.
- La yema curada no se cocina: usar huevos frescos y sanos, curar siempre a 5 °C o menos y, para embarazadas, niños pequeños, personas mayores o inmunodeprimidas, usar la alternativa de yema cocida indicada en las notas.
Maridaje
Un Sauvignon Blanc de altura del Valle de Uco o un Chardonnay patagónico sin paso por madera: tienen la acidez y las notas verdes que acompañan al espárrago, que con vinos tánicos o con mucha madera se pone metálico. Sin alcohol: agua con gas bien fría con una piel de limón expresada y una rama de estragón.
Notas
- Sin curado: cocinar 2 huevos 10 minutos desde el hervor, enfriarlos en agua con hielo, pasar las yemas por un tamiz fino y salarlas apenas. Se rallan o espolvorean de la misma manera. Pierde concentración salina, pero mantiene la lectura del plato y elimina la yema cruda.
- Conservación de las yemas curadas: una vez secas, envueltas en film y en la heladera, se mantienen en buena calidad 2 semanas.
- Congelado: congelar los ravioles crudos en bandeja, sin que se toquen, durante 1 hora y pasarlos a una bolsa. Por calidad, usarlos dentro de 2 semanas. Cocinarlos sin descongelar, sumando 1 minuto a la cocción.
- Rendimientos a confirmar: el peso de los tallos asados y el tiempo de reducción del caldo son estimaciones, porque dependen del grosor del espárrago y del fuego. Registrarlos en la primera prueba.