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Esencial · 1 h 30 min, más 8–24 h de secado en la heladera · 4 porciones

Alitas al horno crocantes con glaseado de miel, soja y ajo

Alitas al horno crocantes con glaseado de miel, soja y ajo

La misma raíz que las cinco alitas gourmet de la familia: piel muy crocante, carne tierna y una laca brillante que se pega a cada pieza. Esta versión resuelve todo en el horno, sin salmuera ni confitado, y queda lista para una picada o una entrada para compartir.

El giro es conseguir el crocante de la fritura con dos trucos de horno. Las alitas se secan una noche en la heladera con sal y polvo de hornear, que sube el pH de la piel y la hace dorar y burbujear, y se hornean en dos etapas sobre una rejilla: primero a temperatura baja, para que la grasa se derrita, y después fuerte, para dorar. Un glaseado corto de miel, soja, ajo, manteca y limón las laca al salir, sin ablandarlas.

Equipamiento especial: rejilla que entre en una bandeja de horno; termómetro de lectura instantánea recomendado

Ingredientes

Alitas secas

Glaseado de miel, soja y ajo

Terminación

Preparación

Alitas secas

  1. Despiece. Separar cada alita por sus articulaciones en drumette y flat; reservar las puntas para un caldo. Secarlas muy bien con papel.
  2. Secado. Mezclar la sal, el polvo de hornear, la pimienta y, si se usa, el ajo en polvo. Poner las alitas en un bol, espolvorear la mezcla en dos o tres veces, revolviendo, hasta que queden cubiertas por una capa fina y pareja, sin acumulaciones: el exceso deja gusto metálico. Acomodarlas sobre una rejilla apoyada en una bandeja, con la piel hacia arriba y sin que se toquen, y refrigerarlas destapadas 8–24 horas. La piel tiene que verse seca y tirante.
  3. Horneado en dos etapas. Poner la rejilla con las alitas en el tercio medio del horno, sobre una bandeja forrada con papel aluminio. Hornear 30 minutos a 120 °C, para que la grasa de la piel se derrita y escurra. Sin sacarlas, subir el horno a 220–230 °C y hornear 40–50 minutos más, dándolas vuelta a mitad de tiempo, hasta que la piel esté bien dorada, burbujeante y suene crocante al tocarla con una pinza. La carne tiene que estar tierna, sin rosado junto al hueso, y llegar a 74 °C en la parte más gruesa.

Glaseado de miel, soja y ajo

  1. Reducción. En una sartén amplia, a fuego medio, derretir la manteca y cocinar el ajo y, si se usa, el jengibre 30–40 segundos, sin dorarlos. Sumar la miel, la soja y el ají y hervir suave 2–3 minutos, hasta que las burbujas se vuelvan grandes y lentas y la salsa cubra una cuchara. Apagar y agregar el jugo de limón. Tiene que quedar brillante, salada y dulce a la vez, sin gusto a miel cruda.

Terminación

  1. Lacado. Con las alitas recién salidas del horno, volcarlas en la sartén con el glaseado caliente y saltearlas fuera del fuego 20–30 segundos, hasta que queden cubiertas por una película fina y brillante. No dejarlas en la salsa: se ablandan.

El plato

Usar una fuente o tabla amplia, o un plato playo por persona. Acomodar las piezas lacadas con algo de volumen, las caras más brillantes hacia arriba, y volcar por encima lo que quede de glaseado en gotas, sin formar charco. Terminar con el verdeo en aros y el sésamo, y sumar los gajos de limón al costado. Servir enseguida. Lectura final: alitas marrón caramelo, brillantes y con la piel burbujeante, el verde del verdeo, los puntos claros del sésamo y el amarillo del limón.

Claves

Maridaje

Una cerveza lager o una IPA bien fría. Sin alcohol, limonada con jengibre.

Notas

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